25 outubro 2009

Balkans!, etapa 6 --- Dalmacia: de Split a Hvar


La visita a la ciudad de Split, la segunda por número de habitantes de toda Croacia, se centra sobre todo en los restos del Palacio de Diocleciano (las dos primeras fotos, de día y de noche), declarado en su totalidad UNESCO y que forma uno de los monumentos más extraños de toda Europa, bajo mi punto de vista. Resulta que lo que se conserva del Palacio (de un tamaño descomunal) son los muros y apenas un par de estructura más (alguna cripta y tal), y cuando el Imperio se fue al garete, la gente comenzó a hacerse viviendas en habitaciones del palacio, con lo que ahora uno pasa por un palacio sin techo, con tenderetes, restaurantes y demás, descubriendo un pórtico o una estatua casi sin querer, totalmente "integrado" en el mobiliario urbano. La visita puede llevar una mañana (aunque recomendamos encarecidamente la iluminación nocturna del palacio, que lo embellece sobremanera) si se acude a todos los puntos destacables, como la estatua de Gregorio de Nin, la Catedral o muchos de los templillos de segunda fila por los que te cobran 5 kunas (menos de un euro) pero que no valen ni eso. Y es que en Split te cobran hasta por respirar.
A Split los alrededores la potencian un montón. A unos 27 km. y a sólo 5 del aeropuerto está Trogir (su plaza mayor en la foto), un bello pueblo marinero cuidadísimo, con arquitectura propia de la zona (casas tipo las que se pueden ver en los folletos turísticos de las isllas griegas), sin masificaciones (algo de lo que desde luego no puede presumir Split, que estaba abarrotado) y con una bonita puesta de sol desde una avenida de palmeras que remata en fortificación. Un pueblo para descansar y disfrutar.
También hay cosas que no merecieron tanto la pena. A unos 20 km. está Klis, un paso fortificado elevado desde el que se ve toda la bahía de Split y sus diez mil polígonos industriales y autopistas, con lo que las vistas pues bueno, regular. En la misma dirección están las ruinas de Salona, que nos dieron vergüenza ajena. Salona es un asentamiento romano con su anfiteatro, necrópolis, etc., pero que se encuentra en un cruce de autopistas (literalmente) y con una fábrica de algo que no huele muy bien demasiado cerca (si se amplia la foto, dicha fábrica se puede observar). Ningún tipo de vallado especial evita que los jóvenes del pueblo hagan botellón en el anfiteatro y tiren pos allí sus condones usados (también esto es literal y contrastado), aunque la poca valla que hay te la ponen a la entrada para que pienses que es "obligatorio" pagar un par de eurillos para entrar. Vamos, de pena.
A hora y media en un barco que está regalado (6 euros ida y vuelta, más o menos) está la isla de Hvar (léase juar, y no se pronuncie hachevar como nosotros durante los primeros días de viaje). Esta isla presume de ser la Ibiza croata y si bien el adjetivo es demasiado generoso, es cierto que la fiesta es la más interesante de toda Croacia. Hay pafetos como en España en número abundante, las copas están al precio de aquí y la cosa no está tampoco masificada. Hay mil casas donde pernoctar y, la verdad, es un sitio ideal para pasar una semana en verano y desconectar, porque tiene playas que, dentro de Croacia y su ausencia de arena, no están mal, y en todo momento pareces estar en un pequeño pueblo (en la foto, la plaza de noche), aunque estés, como he dicho, a una hora y media de un aeropuerto y una ciudad de medio millón de habitantes.

19 outubro 2009

Realmente vomitivo

non esperaba moito do periódico local de Ourense pero este artículo é realmente vomitivo.

para os que non o saiban, baltar sr. parece que non durará sempre e baltar jr. quere ser o next president... Parece que o noso m*rd*nt* periódico xa tomou partido...

El político que asumió las teorías de Freud

01 outubro 2009

Balkans!, etapa 5 -- Dalmacia: de Zadar a Sibenik


Regresamos desde el interior a la costa, a la zona más famosa y turística de Croacia, la región de Dalmacia. Su costa está salpicada de islas y hay un ambiente de relax muy grande en casi todas las villas. Nuestra primera parada fue la Pansion Maria en Zadar, regentada por un buen hombre (mi amigo Zoran) que nos trató como sus ahijados dándono opción de escoger hasta el yogurt del desayuno.
Zadar es un pueblecillo bonito pero no imprescindible. Su casco histórico es semejante al de los otros pueblos costeros y quizá el punto fuerte son dos modernidades que no son plato para todos los gustos: el órgano marino (en la foto), que cual instrumento de viento suena con el golpeo de las olas, produciendo una melodía interesante que te invita a sentarte al menos un ratillo; y una extravagancia llamada "greeting of the sun" que viene siendo la pista de "fiebre del sábado noche" pero al aire libre. Desgraciadamente alguno de nosotros no guardará todo el buen recuerdo posible de Zadar debido a indigestión provocada por calamares "fuera de temporada" (?). Primer warning acerca de comer de todo, aunque juramos que el restaurante distaba bastante de ser un garito de mala muerte.
Ya en ruta, segumos la carretera costera que tiene vistas al archipiélago de las Kornati hasta Vodice, el exponente real de lo que es agosto en la costa croata. Mil chiringuitos, peña arremolinada en dos metros de piedras, parkings piratas regentados por gente agresiva, cafés chillout como Ibiza pero a lo cutre y, cómo no, hoteles invadiendo la playa (esto está claramente inspirado en el Levante). La parada era poco turística pero nos valió para comer a nuestra hora y para que el Txiki disfrutase de uno de los sitios que más le entusiasmó (nótese retranca).
Esta etapa también incluye Sibenik, un pueblo que SÍ hay que visitar. De poco tamaño, con una catedral preciosa (se ve su fachada en la foto, aunque lo mejor está por dentro) que es única en el mundo por tener un friso de 72 caras esculpidas, y con calles estrechas y limpias en las que no pasa el tiempo, Sibenik puede presumir de ser visita obligada. Es cierto que hay poco ambiente, pero eso precisamente es lo que la hace más atractiva, el poder pasear tranquilamente por una callejuela sin que nadie te moleste ni te retrase, algo que yo por lo menos no sentía desde mis paseos por el Albaycín de Granada.
Sin embargo, el día no acabó bien. Nuestro hostel reservado en Split, Placida Hostel, nos derivó a otro de "similares características" según ellos, llamado Casa Adriana y que era claramente la casa de una señora (muy maja, eso sí)... aplicándonos la tarifa del hostel. Evidentemente, pedimos explicaciones y eso fue lo mejor: nos suprimió la reserva porque éramos españoles. Como se lee. Porque, según ella, pertenecemos al pueblo más maleducado de Europa.
La cosa no acabó ahí, fue peor, pero bueno, tontos hay en todas partes e igual que en Zadar un señor nos trató genial pues luego topamos con una desequilibrada de armas tomar. Y con ese mal sabor de boca nos fuimos a dormir, que el viaje continuaba al día siguiente en Split.