La visita a la ciudad de Split, la segunda por número de habitantes de toda Croacia, se centra sobre todo en los restos del Palacio de Diocleciano (las dos primeras fotos, de día y de noche), declarado en su totalidad UNESCO y que forma uno de los monumentos más extraños de toda Europa, bajo mi punto de vista. Resulta que lo que se conserva del Palacio (de un tamaño descomunal) son los muros y apenas un par de estructura más (alguna cripta y tal), y cuando el Imperio se fue al garete, la gente comenzó a hacerse viviendas en habitaciones del palacio, con lo que ahora uno pasa por un palacio sin techo, con tenderetes, restaurantes y demás, descubriendo un pórtico o una estatua casi sin querer, t
A Split los alrededores la potencian un montón. A unos 27 km. y a sólo 5 del aeropuerto está Trogir (su plaza mayor en la foto), un bello pueblo marinero cuidadísimo, con arquitectura propia de la zona (casas tipo las que se pueden ver en los folletos turísticos de las isllas griegas)
También hay cosas que no merecieron tanto la pena. A unos 20 km. está Klis, un paso fortificado elevado desde el que se ve toda la bahía de Split y sus diez mil polígonos industriales y autopistas, con lo que las vistas pues bueno, regular. En la misma dirección están las ruinas de Salona, que nos dieron vergüenza ajena. Salona es un asentamiento romano con su anfiteatro, necrópolis, etc., pero que se encuentra en un cruce de autopistas (literalmente) y con una fábrica de algo que no huele muy bien demasiado cerca (si se amplia la foto, dicha fábrica se puede observar). Ningún tipo de vallado especial ev
A hora y media en un barco que está regalado (6 euros ida y vuelta, más o menos) está la isla de Hvar (léase juar, y no se pronuncie hachevar como nosotros durante los primeros