Nuestro viaje empezó en Burdeos, muy lejos de la Bretaña, pero muy asequible desde Oporto con RyanAir. La llegada fue bastante dura porque el Albergue de la Juventud de Burdeos ignoró nuestra reserva de hacía ya un mes (después de que fuera dificilísimo contactar con ellos) y tuvimos que buscarnos la vida nada más llegar. La selección fue un hotel de la cadena Etap (55€ la triple sin desayuno) no muy céntrico peropor lo menos barato.
El penoso inglés fue una constante durante todo el viaje, incluso en la gente joven. En eso no tenemos nada que envidiar a los franceses, hablan tan mal como nosotros y con un acento digno de un joven Aznar.
Por la noche paseamos por Burdeos, en concreto por el puerto, muy bien iluminado.
Medio día bienaprovechado fue suficiente para dar cuenta de Burdeos, así que el segundo día del viaje por la tarde nos acercamos a Pilat, a 50 minutos en coche, lugar famoso por tener la duna más grande de Europa. Aquí sí que lo gozamos. 3 km de duna bastante más alta que la de Corrubedo rodeados de frondosos bosques. Eso sí, tirarse por la duna sale caro si se pretende volver a subir.
En cuanto a la marcha, en Burdeos hay algunos bares que abren hasta las tres en Plaza de la Victoria pero el ambiente está tras la estación de tren. Allí se puede salir tranquilamente hasta una hora española, eso sí, para no pagar entrada habrá que rebuscar y lidiar con la gente de dentro (en ocasiones chunguilla).
En el tercer día nos desplazamos a Nantes vía La Rochelle, una pequeña ciudad a medio camino de Burdeos y Nantes. Su interés reside en las torres medievales que flanquean el puerto y en cierta clientela tipo Costa Azul, esto refrendado por un café que nos tomamos por 4.20€.
Al entrar en Nantes ya por la tarde tuvimos que padecer un atasco de un hora que hizo que nuestros horarios de visita se descuadraran y tuviésemos que prescindir de la comida (ya veis cómo nos las gastamos).
En Nantes visitamos un extraño lugar llamado Les machines de l'Ile, donde artistas construyen artefactos dignos de Julio Verne (oriundo de la ciudad) y los exponen en un antiguo astillero de la ciudad. La pena es que no pudimos montar en un elefante gigante mecánico bastante impresionante. Ni que decir tiene que esta frikivisita se
ganó tantos fans como detractores.Otra visita imprescindible (y además gratis) es el Castillo de los Duques de Bretaña, en el centro de Nantes, que es gratis, al igual que la catedral. El alojamiento lo realizamos en uno de los Albergues Juveniles más cutres de nuestra vida, La Manu (menudo sitio) y, en cuanto a la noche, decir que también hay sitio y que los habitantes de Nantes son amigables y divertidos (por lo menos con los que nosotros nos encontramos).
Tras estas paradas iniciales, nos encaminamos a la Bretaña propiamente dicha.