
Día 5: El día 5, viernes, comenzó con los graznidos de Tania, unos sonidos guturales que nos alertaron a todos y nos pusieron bastante nerviosos, primero, y luego supusieron las risas del viaje. Este día estaba enteramente dedicado a Varsovia, la capital polaca, comenzando la visita a las nueve de la mañana. La mañana la dedicamos a la parte central de Varsovia. Apreciamos (unos más que otros) la arquitectura comunista en su máximo esplendor con el mastodóntico Palacio de la Cultura, recorrimos la calle Real de arriba a abajo viendo todos sus monumentos (entre los que se encuentran numerosas iglesias fuente de discordia y la universidad) y desembocamos, por fin, en el decepcionante palacio Real y en la colorida plaza de la ciudad Vieja (en la foto). La plaza, pequeña y con muchísimo encanto, es Patrimonio de la UNESCO y me consta que es un impresionante trabajo de reconst

rucción, pues quedó destrozada tras la guerra y eso apenas se nota, si no fuera por las interesantes postales y fotografías que los habitantes de Varsovia tienen puestas por todas las calles céntricas, mostrando lo que alemanes y rusos dejaron tras de sí. Tras comernos las pizzas más grandes de nuestra vida (65 cm de diámetro) nos desplazamos a las afueras a ver los jardines del parque Lazienki, un auténtico bosque en la ciudad. En el centro del mismo está el "Palacio en el agua" (en la foto), llamado así porque une las dos orillas de un estanque central, y el mismo se refleja en la tranquila agua del lago. A fin de dormir cerca de nuestro siguiente destino, cayendo la noche viajamos a Bialystok, en donde cogimos hostel.
Día 6: Tempranit

o, por la mañana (a las 6), nos agarramos un bus de, por lo menos, hace 40 años, y tras dos horas de viaje llegamos al único bosque no alterado por la mano del hombre en Europa, casi en la frontera de Bielorrusia: la selva de Bialowieza. Es un sitio en el que la experiencia es bastante filosófica, con esto quiero decir que lo mejor era perderse reserva adelante escuchando, simplemente, el sonido del bosque, respirando aire puro y en un contacto total con la Naturaleza. De todas formas, es famoso por ser uno de los pocos en donde hay bisonte europeo viviendo en libertad, animalillo que intentamos encontrar con nuestro guía en español Adam (en la foto)(por el que paga

mos unos 60 euros entre los siete por un paseo de más de tres horas) , pero aburrido del turisteo no apareció (el muy cabrón). De todas formas lo más interesante fue el recorrido en bici por parte de la reserva (en la foto), ya por la tarde, perdiéndonos en las entrañas del bosque. Bialowieza era todo lo contrario de los Tatras, turismo ecológico para grupos naturistas cansados de la civilización, el sitio ideal para irte en caso de ataque nuclear. Únicamente dos decepciones en Bialowieza: la primera no comer bisonte en los restaurantes del pueblo (no había), la segunda es la separación del grupo; aquí Tania y Alberto se separaron de nosotros, partiendo ellos hacia Poznan y quedando cinco de nosotros para lo que quedaba de viaje.
Día 7: el peor día del viaje comenzó con los que quedábamos viajando por la zona de los 1000 lagos, en el norte de Polonia, con el fin de visitar la guarida del lobo, antiguo bunker de Hitler. Ese era el comienzo de la aventura imposible. De ella se desprende el concepto de que a domingo en Polonia lo mejor es no hacer nada, puesto que todo sale al revés. La guarida del lobo está a 7km de Ketrzyn, un pueblo pequeño entre lagos que da bastante miedo. Tras las amables indicaciones de un mesonero que chapurreaba algo de español y de un clon de Noel Gallagher pijo que nos decía (o nosotros creíamos eso) que nuestro destino se llamaba Wengozewo, cogimos un bus que nos llevó... a 10 km de la frontera rusa, en un pueblo de mierda (el tal Wengozewo) donde estaba en lago más grande de Polonia y cientos de adolescentes pijos polacos que se alquilaban cabañas para moñarse unos días. Ante el panorama (y después de que un autoestopista convenciera a un taxista vestido de enterrador de que nos llevara en taxi A LOS CINCO a la vez a la guarida del lobo, a más de 60km, por 30 euros), decidimos dar el día por perdido, regresar hacia atrás (bautizando a Wengozewo por el nombre Wengo-yego-y-mevoy) y dormir lo más cerca posible de nuestro siguiente destino, Gdansk.
Total, de los mil lagos, desde la ventana de los distintos transportes empleados (bus/tren) vimos unos 872, y recorrimos el triple de km necesarios para dormir en un sitio llamado Olsztyn, que tenía lo mismo de turístico que Zamora en julio.